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Acerca de Papas y Tomates: un poco de historia y datos curiosos

tomate

El tomate, al igual que la papa, fue uno de los grandes aportes de las Américas a la dieta de los europeos. De hecho se trata de un fruto (el tomate) y de un tubérculo (la papa) sólo emparentados por pertenecer a la ancha familia vegetal de las solanáceas.

Si la papa fue durante mucho tiempo víctima de prejuicios y supersticiones, los botánicos europeos miraron de reojo al recién llegado tomate en nombre de la ciencia de la época. Su pertenencia a una familia que incluye muchos frutos tóxicos desencadenó enconadas resistencias a su consumo como alimento.
Las civilizaciones pre-incaicas de Perú y Ecuador lo conocieron en estado silvestre. De allí pasó a México, donde lo encontraron los conquistadores españoles en el siglo XVI, ya cultivado y bajo el nombre azteca tomatl.

Tanto España como Italia lo adoptaron bastante pronto y sin hacerse muchas preguntas y lo usaron en guisos y salsas. Los ingleses, en cambio, se resistieron a comerlo. El botánico Gérard obtuvo semillas en España e Italia y lo cultivó como una curiosidad, seguramente a causa de su aspecto atractivo, pero señaló con menosprecio : “Ellos proporcionan muy poca nutrición para el cuerpo y al mismo tiempo son malos y contaminan“.

Mucha gente los consideró venenosos, mientras otra les atribuía poderes afrodisíacos. Sólo a mediados del siglo XVIII los ingleses los empezaron a preparar en la sopa de tomates. También en Estados Unidos se cultivaron en Virginia como una rareza. Después llegaron a Filadelfia, de la mano de un exiliado haitiano que huía del ejército francés. A Salem, Massachusetts, los llevó un pintor italiano.

Entre sus defensores se contó un editor de Maine que en 1835 se refirió a ellos como “un alimento de la dieta que debería estar en todas las mesas. Pero su prédica pro tomate no obtuvo resultados hasta fines del siglo XIX cuando se empezó a cultivar masivamente en la Florida y también a envasarse como conserva.