Plantas y Flores

Cómo atraer insectos a nuestro jardín

mariposa

El título de este post seguramente os resulte llamativo. ¿Atraer insectos al jardín? ¿Pero no queremos normalmente lo contrario? Seguid leyendo y entenderéis a cuáles nos referimos…

No estamos hablando de esos insectos molestos que normalmente se ensañan con nuestras flores y plantas, tirando por tierra nuestro trabajo de meses incontables. Nos referimos a otros visitantes mucho más agradables, como pueden ser las mariposas. ¿A quién no le gustaría conseguir un jardín en el que éstas tuvieran ganas de quedarse, no sólo de darse un paseo ocasional? La forma de hacerlo es muy sencilla.

Planta lo que más les gusta

A nadie descubriremos nada nuevo si decimos que la mejor manera de atraer mariposas al jardín es a través de las flores. Como cualquier otro insecto, acudirán atraídas por el néctar de las flores. Lo primero es tener claro qué mariposas pululan por nuestra zona y cuáles son los “manjares” que más les gustan, aunque realmente hay algunos nombres que podemos citar como algo general: la petunia, el jazmín, la azucena, el girasol, la margarita o la lavanda son algunas de ellas. Como podéis ver, nada especialmente difícil de plantar. Con esto las atraeremos, pero si lo que queremos es que encuentren un entorno óptimo para refugiarse y criar podemos colocar perejil, eneldo y todo tipo de cítricos en general.

Las abejas: temidas… o no tanto

Puede que junto con las mariposas, o en vez de ellas, aparezcan en nuestro jardín visitantes mucho menos agradables a la vista: las abejas, a veces temidas en exceso y sin demasiada justificación. Hay que pensar que un número reducido de abejas, de forma ocasional, puede ser muy beneficioso para nuestro entorno natural: además de polinizar las flores, se dedicarán a eliminar las larvas de mosca, los pulgones o las langostas, todos ellos representantes de ese mundillo de los insectos al que no queremos ver ni en pintura merodeando por nuestras plantas. Así que no debemos poner el grito en el cielo la primera vez que veamos una abeja; basta con vigilarla y dejarla que haga su trabajo.