Plantas y Flores

Cómo cuidar el aloe vera

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Casi sin darnos cuenta, el aloe vera ha ido poblando nuestros jardines y terrazas. Puede que no sea una plata especialmente estética, pero es muy fácil de mantener y se reproduce con la misma sencillez. Os damos hoy algunos consejos útiles sobre cómo cuidar el aloe vera.

Aunque para nosotros puedan parecer iguales, lo cierto es que tenemos unas doscientes especies distintas de aloe vera en el mundo. Se extienden por África, Asia y Madagascar, y en España no es raro verlas en las zonas del litoral en estado natural. Se trata de una planta muy resistente al calor, por lo que si vivimos en zonas de altas temperaturas puede ser una buena elección para nuestro jardín o terraza. Por el mismo motivo, además, no deben pasar demasiado frío ni ser regadas en exceso. El hecho de que aguanten estoicamente sin demasiada agua las convierte en plantas idóneas si solemos pasar mucho tiempo fuera de casa y no tenemos a nadie que nos eche una mano.

Si vamos a cultivar aloe vera en el jardín, suele recomendarse que haya una distancia prudencial entre una planta y otra. El motivo es la longitud de sus raíces: si las plantamos demasiado cerca pueden enmarañarse bajo tierra e impedir su correcto sustento. En cuanto a las macetas, es mejor escoger para el aloe vera las de barro y no de plástico u otros materiales. Si podemos incluir un poso de grava por debajo de la tierra nos aseguraremos de que crezcan mucho más sanas y espléndidas.

Cómo se reproduce el aloe vera

Suele decirse que el aloe vera tiene “hijos”, y en realidad no es algo muy alejado de la realidad. Nos daremos cuenta de que esta planta se ha reproducido enseguida, ya sea en jardín o en maceta, puesto que veremos aparecer a una pequeña versión en miniatura de ella a su lado. El hijo, ni más ni menos. Una vez tenga un tamaño adecuado, podremos trasplantarlo sin problema cogiéndolo con las manos y separándolo allá donde se une con la madre. Es importante, eso sí, que cuando lo hayamos trasplantado esperemos un par de semanas antes de regarlo, para que se asiente en la tierra.