Huertos

Cómo dedicarnos a la apicultura urbana

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¿Te has planteado alguna vez que tu balcón o terraza pueden ser un buen lugar para la apicultura? No es tan raro o peligroso como puede parecer a simple vista… Te contamos en qué consiste esta tendencia que ha empezado a ponerse muy de moda.

La apicultura es el cuidado de las abejas para producir nuestra propia miel, algo de lo que saben mucho en pueblos y aldeas. Quizás guardamos ese recuerdo de nuestra infancia, de las visitas a casa de nuestros abuelos, y lo añoramos. Pues bien, vivir en la ciudad no tiene por qué ser un impedimiento para recuperar aquello. Si somos aficionados a las plantas y tenemos la paciencia suficiente para cuidarlas en un pequeño huerto urbano, sólo estamos a un paso de convertirnos también en apicultores.

Muchas veces son las propias abejas las que se acercan instintivamente a las plantas que crecen en terrazas o balcones, huyendo de los pesticidas o las concentraciones de gases nocivos que hallan a ras de suelo. Si vivimos en un piso alto, tenemos más posibilidades de encontrárnoslas rondando por nuestras macetas o nuestro huerto. Tanto si tenemos esta suerte como si finalmente nos decidimos a adquirir las abejas en un criadero, es fundamental que mantengamos ante todo el civismo: debemos avisar a nuestros vecinos de que vamos a instalar un panal urbano. Sobre todo para evitarnos sobresaltos y sorpresas, aunque de los muchos mitos que se escuchan con respecto a las abejas la gran mayoría son infundados: no tiene por qué ser agresivas si no las provocamos y no necesariamente producen alergias, a no ser que tengamos propensión a ello.

Hay muchos tipos de panales urbanos, hechos de barro, de cerámica…  y podemos utilizar colmenas verticales u horizontales, en función de nuestro gusto personal y del espacio del que dispongamos. Siempre es recomendable contar con un experto que nos enseñe las pautas de la apicultura: cuándo y cómo recoger la miel, fundamentalmente. Y no debemos preocuparnos por el resultado final: múltiples estudios aseguran que la miel cultivada en ciudad puede resultar tan beneficiosa como la que proviene del campo.