Consejos

Cómo hacer realidad un jardín interior (II)

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En nuestro primer post de esta serie compartimos los dos primeros consejos de oro. Te invito a releerlos para así seguir adelante con más aportes que te ayudarán a hacer realidad tu jardín interior tan deseado.

Hacíamos referencia antes a la necesidad imperiosa de aprender a comprar bien. He aquí mis consejos en ese sentido, que no surgen de otra cosa que no sea mi experiencia propia y algún que otro conocimiento que recogí en mis épocas de estudiante de agronomía.

Al enfocar una planta que te gusta y luego de asesorarte acerca de las condiciones que necesita para vivir (y su compatibilidad con tus posibilidades) debes revisarla exhaustivamente.

Comienza por verificar el envés de las hojas; estás buscando manchas, huellas de insectos, secreciones o cualquier tipo de coloración heterogénea.

Luego observa su aspecto general; estás verificando la turgencia de sus hojas, su porte, que no se vea mustia (o como dicen nuestras abuelas “triste”). Compara al ejemplar que tienes en la mano con otras iguales que la rodeen, especialmente las que estén más atrás en la fila u ocultas por las plantas de la periferia.

Los comerciantes en general tienden a vender primero las plantas más antiguas y éstas suelen estar en tiestos o macetas al borde de su capacidad. Aquí viene justamente el tercer y último consejo de hoy: examina con cuidado (si el tamaño de la maceta te permite esa maniobra) la parte de abajo de la planta; lo que estás buscando es el nivel de desarrollo radicular.

Si las raíces están luchando por expandirse, por un lado es sinónimo de vigor y por otro la planta puede estar comprometida; todo depende del tiempo que hace que esas raíces demandan más espacio y no lo consiguen. Por ello es importante ver el estado general que será el que paute la salud integral de la planta.