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Construcción de invernaderos paso a paso (II)

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Hace pocos días atrás, comenzaba una serie interesante y en mi opinión más que oportuna para esta temporada que estamos viviendo, otoño casi invierno. Me refiero a los invernaderos, tomando este término en sentido bien amplio, como un recinto cuyo propósito, con mayor o menor tecnología es proteger a nuestras plantas y evitar exponerlas a temperaturas extremas que les hagan daño.

Os prometí ahondar en el tema y aquí sigo. En los hechos, la construcción de un invernadero es un proceso simple, siempre que seamos capaces de considerar las variables dentro de lo posible, de lo que esté a nuestro alcance, hablando en términos de espacios, tiempo, recursos humanos y económicos para construirlo.

Un primer paso es concebir y diseñar, por lo menos en papel lo que sería su estructura. Ésta puede ser de variados materiales, pero sin duda los más usuales son madera y metal. Ambos tienen sus ventajas y desventajas, pero también hay que considerar el hecho de que estamos hablando de una estructura precaria, en ocasiones de utilidad temporal, por lo que no es buena idea hacer una inversión en materiales excesivamente costosos y rígidos.

Por otro lado está el recubrimiento, siempre transparente cuyo cometido es aislar la temperatura pero permitir el paso de luz solar. Los materiales más usuales, son policarbonato o vidrios, pero dependiendo del tipo de tamaño, estructura y lugar en donde esté ubicado, también puede usarse nylon. En todos los casos debe asegurarse cubrir los cuatro costados y por supuesto el techo.

El tercer y último factor no es menos importante y refiere a contemplar la posibilidad de que la estructura admita sistemas de ventilación. Este concepto puede reducirse a algo tan sencillo como ventanas (más o menos improvisadas), como también existen invernaderos con verdaderos mecanismos móviles e incluso robotizados que promueven una adecuada renovación de aire.