Arboles

Cultivar grosellas en nuestro jardín

Fresh black currant

Las grosellas no son especialmente conocidas en el clima mediterráneo, aunque si nos vamos a países anglosajones nos encontraremos con que se trata de un cultivo muy común, en parte debido a la popularidad de su zumo. Si nos gusta  sentirnos british, ¿por qué no hacerles un hueco en nuestro jardín?

Tenemos dos tipos de groselleros, los que producen bayas rojas y los que nos darán grosellas negras. Estas últimas son las que más se cultivan en jardines y huertos de Inglaterra. Tras la Segunda Guerra Mundial, la grosella negra se convirtió en un importante aporte de vitamina C y un sustituto de los cítricos, que escaseaban; fue entonces cuando comenzó a ir adquiriendo la popularidad con la que cuenta ahora. Hoy en día no sólo es uno de los complementos más habituales de los desayunos anglosajones (¿quién no ha visto el zumo de grosella en algún bufette libre, si ha estado de vacaciones por aquellos lares?), sino que también se sigue empleando como diurético y antiinflamatorio natural. Sus efectos beneficiosos sobre la circulación sanguínea e incluso sobre la vista están más que comprobados.

¿Cómo plantamos el grosellero?

Con estas credenciales, seguro que se ha convertido en un firme candidato para pasar a formar parte de vuestro jardín, ¿verdad? Podemos plantar groselleros tanto en otoño (en caso de zonas de temperatura cálida) como en las primeras semanas del invierno, y a través de plantones, semillas o esquejes. Debemos intentar que nuestro suelo tenga un ph adecuado para ellos, eso sí: que no esté por debajo del 6,5 pero tampoco supere el 6,8.

El grosellero comenzará a alegrar nuestro jardín con sus flores y el aroma de sus hojas en primavera, y en verano con sus frutos. Tanto en una época como en otra necesitará un riego abundante. Debemos asegurarnos de que el suelo drena adecuadamente a su alrededor, ya que se trata de un árbol propenso a sufrir enfermedades si sus raíces se encuentran encharcadas.