Plantas y Flores

El farolito japonés, la campanilla de los dioses

farolito japonés

Al contrario de lo que sugiere su nombre, el farolito japonés no tiene nada que ver con Japón. Su nombre científico es Abutilón, que procede del árabe y le fue dado en 1973 por el botánico Michel Adandon, y se trata de una planta que nos llega desde Latinoamérica. Si alguna vez habéis visto un farolito japonés en un jardín, comprenderéis por qué entre los árabes tiene el sobrenombre de “campanilla de los dioses”. No sólo su forma recuerda a dicho objeto, sino que el color suave y agradable de sus flores (blancas, carmesí, rosas) lleva a pensar que cualquier dios, en efecto, las escogería para su hogar sin titubear. En el mundo árabe es habitual colocar esta planta siempre a la entrada de un jardín, un símbolo de bienvenida para cualquier visitante.

El farolito japonés es muy sensible ante heladas y temperaturas bajas, pero la primavera hace que resurja en todo su esplendor. Es la temporada adecuada para realizar esquejes y transplantes. Para que esta planta crezca y se desarrolle como es debido, es importante que encontremos para ella un rincón en nuestro jardín donde el sol dé durante gran parte del día, pero al mismo tiempo resguardado de la sombra y de fríos eventuales. Como hemos comentado arriba, una ráfaga de viento inoportuna o una noche a la intemperie con temperaturas inferiores a los trece grados puede hacerle mucho daño.

 También vale como planta de interior

Si no vivimos en una zona con un clima templado y mediterráneo, no tenemos por qué renunciar a contar con la hermosa estampa de un farolito japonés. A pesar de ser tan delicada, o precisamente por ello, es una planta adecuada para interior. Eso sí, hemos de asegurarnos de que la ponemos en un recipiente suficientemente ancho (se recomiendan macetas con un diámetro de veinticinco o treinta centímetros) y de que tiene sitio para crecer también a lo alto; el farolito japonés puede llegar a alcanzar los dos metros.