Plantas y Flores

El mito de las orquídeas

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De todas las plantas que florecen y pueden crecer en el hogar o en un invernadero, ninguna tiene el aura de las orquídeas.

Desde el siglo pasado, en que algunos aficionados llegaron a pagar pequeñas fortunas por raros especímenes traídos de las montañas y junglas de países lejanos, han representado el colmo del lujo para el horticultor.

Incluso hoy día, las salas de orquídeas de los grandes jardines botánicos del mundo producen admiración.

Como resultado de esta actitud, muchas personas tienen miedo de cultivar orquídeas en interiores creyéndolas difíciles y caras.

De hecho, puede ocurrir justamente lo contrario. Muchos tipos necesitan condiciones selváticas, calor y vapor, pero otros resultan tan fáciles de cultivar como la mayoría de los que se venden específicamente como plantas de interior.

Desde luego, tienen sus gustos particulares; y a menudo éstos son diferentes de los de otras plantas de interior. Pero no es muy difícil llenar sus exigencias en la mayoría de los hogares.

Del mismo modo, la idea de que las orquídeas son caras tiene algo de verdad y algo de mito.

Un híbrido muy bello y único puede costar muchos miles de euros, pero hay un sinnúmero de maravillosos ejemplares asequibles por una insignificante fracción de ese precio.

De hecho, los nuevos métodos de multiplicación han permitido cultivar literalmente miles de plantas a partir de un pequeño esqueje.

Por no mucho dinero puede comprarse, pues, una planta que hace cien años hubiese costado cien veces más.

Sólo es cuestión de atreverse.