Arboles

El sakura, un árbol para el jardín japonés

Sakura in blossom

Si nos gusta la estética oriental y queremos trasladarla a nuestro jardín, hay un árbol que no puede faltar: el sakura. O, lo que es lo mismo, el árbol de cerezo, ese precioso ejemplar de flores rosadas que tantas veces habremos visto aquí y allá. Cualquier persona aficionada a las películas japonesas o al manga y el anime sabría reconocer de inmediato un árbol de sakura en un jardín, y por añadidura es más que probable que le venga a la cabeza gran parte de la simbología asociada a él. En Japón no es sólo una enseña del país, a veces más conocido incluso que el crisantemo (la flor nacional), sino un icono alrededor del cual todavía orbitan muchísimos referentes y tradiciones. Ni siquiera cortar un árbol sakura se hace a la ligera; las zonas en las que crece o se plantan se respetan a la hora de planificar nuevas carreteras o edificios, y se busca adecuar su presencia al entorno urbano en la medida de lo posible. En la Edad Media, redactar un poema en la corteza de un árbol de cerezo era una costumbre popular enter los samurais, que lo entregaban al emperador como muestra de afecto y lealtad.

¿Cuándo florece el sakura?

Naturalmente, lo que más nos llama la atención del sakura, y lo que más vistoso resultará en nuestro jardín, es su etapa de esplendor, cuando sus hermosas flores se abran de par en par. Será en los meses de marzo y abril cuando podremos disfrutar de ellas, primero en forma de capullos blancos y más tarde con los vivos colores rosados que tan bien conocemos. Eso sí, no debemos llevarnos a engaño: hay otros árboles de cerezo cuyas flores pueden ser amarillas o verdes. Si queremos conseguir un jardín japonés auténtico (o un jardín zen), podemos incluso plantar varios tipos de cerezo en él. La combinación de colores puede llegar a ser exquisita, sin duda.