Paisajismo

¿Es posible tener nuestra propia pradera?

pradera

¿Puede haber una idea más romántica que la de tener nuestra propia pradera en casa, en lugar de un jardín? En un primer momento suena descabellado… pero ya veréis que no lo es tanto.

Tener una pradera es un sueño para todos los amantes de la naturaleza que imaginaron que tener una casa en el campo sería como en las películas: contar con un oasis de tranquilidad, alejados del mundanal ruido y con el verde de las plantas como eterno paisaje. Pero la realidad es distinta: hay todo un duro trabajo por delante si queremos tener ese jardín bien acondicionado todo el año, mucho que aprender y mucho que leer. A veces nos preguntamos si no podría ser todo mucho más fácil…

En realidad, tener una pradera no es un sueño que sólo podamos alcanzar a vislumbrar en las películas. Si disponemos de suficiente espacio en las afueras de nuestra casa, si tenemos un terreno adecuado, podemos lanzarnos a la aventura. Y nunca mejor dicho: elegir una pradera en lugar de un cuidado jardín supone decidirnos por lo que en teoría parece un caos sin orden, pero que en realidad no es otra cosa que entropía controlada, un concepto totalmente diferente y sin duda fascinante.

¿Cuándo sembrar una pradera?

Se recomienda hacerlo en los meses de otoño, aunque en primavera, entre marzo y abril, también es una buena época. Al contrario de lo que piensa mucha gente, el quid de la cuestión no está en plantar flores sin ton ni son, sino todo lo contrario: una pradera “casera” se compone de dos o tres tipos de hierbas florales, que tendremos que escoger cuidadosamente entre las variedades autóctonas, a las que podremos dejar que crezcan libres en la extensión que hayamos acotado, eso sí. Pero no significa que no ejerzamos control alguno.

Una pradera necesitará una menor cantidad de riego que el césped, por extraño que nos pueda parecer: bastará con unos cinco minutos al día en lugar de los veinte o treinta que exige aquél. Además, cuando llegue la primavera seguro que agradecemos la visión de esa explosión de color y el aspecto silvestre con que nos obsequia.