Plantas y Flores

La historia de la flor de Aguapé (II)

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Los españoles lograron convivir con los nativos en una cierta armonía. La joven española era adorada por los niños, festejaba sus travesuras cuando nadaban con asombrosa habilidad, jugaba con ellos e incluso les contaba historias.

Chululú era uno de los mejores nadadores, a pesar de contar con tan solo siete años de edad.Generalmente se alejaba de sus compañeros para disfrutar aún más de la libertad. Sin embargo, un día fue sorprendido por el agua brava y comenzó a pedir ayuda.

María del Pilar fue la primera en escuchar su pedido de auxilio y considerando que ella también era una buena nadadora no dudo en acudir a su rescate. Los amiguitos de Chululú se paralizaron, no había nadie cerca, por ende, decidieron ir a pedir ayuda hasta la aldea.

Ella luchó como una guerrera para demostrarle al imponente río enfurecido que podía llegar hasta el pequeño, pero cada vez que lograba tomarlo entre sus brazos lo perdía por los remolinos marinos que cada vez cobraban más intensidad.

Se dio cuenta de que ambos ya se encontraban muy débiles como para intentar llegar a la orilla. En ese instante el cacique llegó a socorrerlos, desesperándose, ya que ambos aparecían y desaparecían en la corriente marina. Al llegar hacia ellos su nieto aún luchaba por permanecer a flote, pero ella ya había desaparecido.

Buscaron su cuerpo exhaustivamente sin ningún resultado. El recuerdo de sus bellos ojos celestes implorando ser rescatada continuaron en la memoria de quienes la lloraron por un largo tiempo.

Al poco tiempo en las aguas del Paraná creció una flor tan semejante al tono de su dulce mirada que los pueblos originarios vieron en ella el símbolo de la eternización de la bella María del Pilar.

Convencidos de que esta había renacido para trascender, llamaron a esta flor Aguapé, en honor a la extranjera que supo ser una amiga.