Consejos

Todo acerca de riegos (III)

riego3

En la primera y segunda de nuestras entregas anteriores vinculadas a este tema, nos hemos estado enfocando especialmente al caso de plantas que tenemos en espacios reducidos y a la vez muy expuestos, como lo son aquellas que moran en balcones y terrazas.

Merecen una mirada especial aquellas a las que no nos es posible movilizar, por ejemplo trepadoras (que ya estén fijadas a columnas o rejas) o aquellas plantadas en macetas de gran tamaño.
La causa de la penosa condición en que se encuentran la mayoría de las plantas cultivadas en las terrazas ciudadanas es debida al deficiente riego. Especialmente en las casas modernas, ricas de terrazas-techo y por tanto totalmente expuestas al sol y al viento, el marchitamiento de las plantas es impresionante por tal razón.

Las más de las veces sucede que las personas no se atreven a salir de día a la terraza ardiente,  y solo saldrán por la tarde a buscar un poco de aire fresco. Sólo entonces riegan. Y durante las 24 horas que transcurren entre un riego y el otro las pobres plantas sufren y se mustian.

Entonces vale la pena señalar que las reglas principales para un buen riego son tres: elección del agua, hora para regar, cantidad a suministrar.

Comencemos con la primera de ellas, es decir el tipo de agua.
Entre todas las aguas la mejor es la de lluvia, porque es la más pura y es la más aireada. Sin embargo, es muy difícil poder tenerla en las casas de la ciudad porque no hay modo de recogerla.  Se podría recoger una mínima cantidad utilizable todo lo más para las rociadas que deben ser hechas con agua purísima.
Por el contrario, el agua peor es la de los pozos porque es la menos oxigenada y está demasiado fría y porque a menudo contiene substancias minerales que son nocivas para las plantas; pero en las ciudades esto no es un riesgo pues generalmente no la hay.
El agua de mar y las aguas provenientes de manantiales minerales, como las ferruginosas, las sulfurosas, etc., son muy perjudiciales para el cultivo de las plantas, y no deben usarse por ningún motivo: tampoco estas aguas se encuentran en la ciudad.